Entender común, sentir común

Y continuando con nuestro diseño de las entrañas del corazón, importa recordar que el éxito de la comunicación depende en buena medida de que el hablante pretenda que su acción comunicativa es inteligible y de que el oyente acepta tal pretensión. Una pretensión que obvian sin piedad cuantos utilizan lenguajes abstrusos, intencionadamente incomprensibles, calculados para que el oyente no entienda y entonces, o bien aprovecharse de su ignorancia en beneficio propio, o bien adquirir fama de utilizar un lenguaje genial por oscuro. Sin embargo, coordinar nuestras acciones mediante el lenguaje exige que sea inteligible, y oscurecerlo adrede es un atentado contra el prójimo y contra la más elemental razón. Adela Cortina en Ética de la razón cordial: Educar en la ciudadanía en el siglo XXI. Página 204.

Autor: David Ramírez-Ordóñez

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