El derecho a leer y a escribir de Silvia Castrillón

Recientemente leí este libro de Silvia Castrillón, bibliotecóloga de la Universidad de Antioquia (Colombia), donde compila cinco presentaciones que ella ha hecho en congresos o eventos a donde la han invitado. Son:

  • El derecho a leer y a escribir. Presentado en el Primer Coloqui Colombo – Francés de Bibliotecas Públicas, “Biblioteca y sociedad” , en la Feria Internacional del Libro de Bogotá (2003).
  • Cambiar es difícil, pero posible. Conferencia presentada en el 5° Congreso Colombiano de Lectura, en Bogotá (2002).
  • Lectura: educación y democracia. Simposio Internacional Iberoamericano sobre literatura Infantil y Lectura: Nuevos espacios para la lectura en el siglo XXI, en Madrid (2001).
  • ¿Crea la biblioteca ciudadanos mejor informados? I Coloquio Latinoamericano y del Caribe de Servicios de Información a la Comunidad, en Medellín (2001).
  • La sociedad civil pide la palabra. X Simposio Internacional Iberoamericano sobre Literatura Infantil y Lectura, en Madrid (2004).

Las 99 páginas de este libro, editado en 2017 por Ediciones Babel, si bien pueden leerse en una tarde están cargadas de tantas ideas que el libro inmediatamente se convierte en una herramienta indispensable para bibliotecarios que quieran aportar a la construcción de ciudadanía crítica de sus comunidades y de hecho de ellos (o mejor dicho nosotros) mismos.

Una puerta que abre muchas puertas

Es bastante evidente la influencia de Paulo Freire en el trabajo de la autora, pero lo mejor de todo es que ella no se queda ahí. Al avanzar en la lectura uno se empieza a encontrar con Didier Álvarez, Pierre Bourdieu, Giovanni Sartori, Anne Marie Chartier, Emilia Ferreiro, Néstor García Caclini, Adriana Betancur, Martín Barbero y muchos otros.

Este libro cumple su cometido en muchas formas: despierta la curiosidad de quien está interesado en la lectura y escritura y además despierta la curiosidad para leer más. Los referentes se presentan en contextos que hacen que uno quiera ir a las referencias a profundizar más y termina uno leyendo más. Y como me ocurrió a mi en este caso, también escribiendo más.

Las bibliotecas salvan vidas

Este libro tiene muchísimos puntos donde tuve que detenerme para pensar en la profundidad de las implicaciones de las ideas y propuestas de Silvia. Creo que una de las más contundentes, es ésta que te muestra cómo las bibliotecas pueden salvar vidas humanas:

(…) Un ejemplo dramático de que la educación y la lectura no constituyen juegos de niños, pero sí prioridades impostergables, puede darse con los siguientes datos: en Colombia la tasa de mortalidad de niños menores de 5 años es de 336,8 por 100.000, de la cual 61,7% corresponden a enfermedades diarreicas y respiratorias. Sin embargo, Colombia tiene un sistema de salud que cubre a todos los colombianos y tiene también tradición de desarrollo de estrategias de selección y producción de medicamentos esenciales genéricos, estrategias que, en teoría, deberían contribuir a mejorar el acceso. Sin embargo, cada año mueren 87.278 niños por enfermedades cuyo tratamiento hubiera requerido medicamentos existentes en el mercado a bajo costo (para ambas el costo no supera un dólar). Es decir, mueren 87.278 niños por la ignorancia de sus padres. (Latorre:2001)

Recientemente fui parte de los talleres de IFLA Global Vision que se realizaron en Colombia y puede notarse que a veces algunos bibliotecarios interpretan la labor de la biblioteca enfocada en los soportes, libros, revistas, cds, bases de datos y el hasta ahora no superado dilema entre el libro digital y el libro en papel; cuando lo que las personas necesitan no son los soportes, sino lo que ellos contienen. Como en alguna ocasión pensé, nos preocupamos por las botellas y olvidamos el vino.

La palabra escrita y las infografías

Con las redes sociales digitales y el aumento en el ancho de banda de Internet, cada vez es más fácil acceder a videos, imágenes en movimiento y gifs animados bastante vistosos. Es difícil recordar que apenas en 2005 incluir un video en un sitio web era casi imposible porque la descarga de archivos pesados te obligaba a ser paciente. Eso ha incidido en que nos fijemos más en videos vistosos y coloridos más que en largos textos, en muchos casos sacrificando la lectura profunda, matizada y rica que puede ofrecer la palabra escrita. Como si el color le ganara al concepto.

Este libro plantea la valoración de la palabra escrita. De hecho me hizo cambiar mi postura sobre los “lectores de todo”, como quien lee las nubes, lee el paisaje, como si todo se leyera, pero puede ser que quien lee todo en realidad no lee nada. ¿No han tenido conversaciones donde comparan libros con sus versiones cinematográficas? ¿Quién gana? Es como si todo lo tuviéramos que ver explícitamente y la imaginación estuviera apagada todo el tiempo. ¿Llegará el día que comparemos, al igual que comparamos una adaptación cinematográfica con su libro, un libro con la infografía que la resume? ¿Compararemos un libro con su meme?

No creo que una cosa reemplace a la otra, pero si siento que hay que preservar y valorar los diferentes medios, sobre todo aquellos que no son inmediatos y requieren paciencia. La espera de eso que se ve tan lejano, con paciencia, puede vencer a la necesidad, al afán de no perderle el hilo a ese torrente de tuits, de publicaciones en muros, de actualizaciones en tiempo real, que requieren su espacio; pero que no lo son todo. Y así como se debe aprender a vivir, aprender a viajar, aprender a tuitear, se debe aprender a leer. No soy de los más pacientes y a veces mi vida va a mil, pero disfruto mucho de los frutos de la espera.

Silvia lo llama “defender el pensamiento, el pensamiento lento, el ‘pensamiento pensante’,  que se opone al fast thinking del que habla Pierre Bourdieu” o lo que diría Negri y Hardt: el mal del mediatizado.

En mi participación en el Congreso de IFLA hice cerca de 4 presentaciones. La primera de ellas fue leyendo un texto, para ser preciso en lo que quería decir. Además porque al no ser el inglés mi lengua materna, no quería cometer errores. Sin embargo una muy buena amiga me sugirió que no leyera en las presentaciones. Seguí su consejo y creo que hice presentaciones que a muchas personas les resultó bastante llamativas, pero no deja de cuestionarme el hecho de que en el Congreso Mundial de Bibliotecas e Información resulte más llamativo una puesta en escena que una lectura. ¿No estamos allí reunidos quienes promueven y valoran la palabra escrita en todo el mundo? De todas formas creo que no hubiera sido capaz de transmitir las ideas con la fuerza que lo hice, si antes no las hubiera escrito. Sigo reflexionándolo, porque quiero encontrar un justo punto medio o al menos tener la sabiduría suficiente para saber cuándo usar uno o el otro.

El bibliotecario como intelectual de su comunidad

Otra de las ideas que más me gustó de este libro es el que Silvia presenta en Cambiar es difícil, pero posible”, donde analiza el quehacer bibliotecario. Le dedica algunas líneas al profesionalismo, donde se pregunta si estamos en este trabajo por el dinero.

El bibliotecario lector, que no se siente inhibido para escribir, curioso con ganas de explorar, bien informado, que se asuma a sí mismo me parecen un norte muy interesante, como lo presenta ella en esta sección me parece algo que vale la pena meditarse e incorporarse. ¿Somos bibliotecarios que no leen y no escriben? Y si lo somos ¿no estamos dejando por fuera buena parte de lo que por el sólo hecho de ser bibliotecarios se nos debería dar con naturalidad?

Por ahora dejo hasta aquí esta reflexión e invito a la lectura de “El derecho a leer y a escribir”. Sin embargo desde ya puedo decir que este trabajo está influenciando mi perspectiva como bibliotecario. De hecho cerré una de las presentaciones que hice con Leonardo con una cita a Silvia Castrillón. Un texto chico, pero con ideas muy potentes.

Como bibliotecario ¿cómo te percibes en cuanto a la lectura y la escritura? Por otro lado, como lector ¿qué opinas de lo audiovisual y la lectura profunda?

(Gracias especiales a Paola Roa, quien me ha acercado a este y muchos otros libros).

2 opiniones en “El derecho a leer y a escribir de Silvia Castrillón”

  1. Hola David. Me gustó mucho tu texto y me ha hecho pensar. Cuando hablas sobre la inmediatez y la fugacidad de las ideas en las redes sociales, las infografías, el florecimiento de memes y gifs y la subvaloración en nuestro tiempo de la palabra escrita, me hace pensar en cómo ha “evolucionado” la forma de leer en las nuevas generaciones. La lectura que siguen los ‘millenials’ es la narración transmedia. Son piezas cortas liberadas en distintos formatos y adaptadas para ser vistas en diferentes pantallas. Ese tipo de lectura es la que parece atrapar a las nuevas generaciones. Recuerdo que hace poco leí los hilos de ficción tuiteados por Manuel Bruzual y fui testigo del impacto generado. Muchos de los comentarios y RTs eran de gente joven atrapada por este relato en tiempo real y al alcance de su móvil. Ahora la pregunta del millón ¿Cómo se adaptan las bibliotecas a esta realidad?

    1. Hola Cleyra.

      Personalmente creo que para las bibliotecas es mucho más fácil: lo que deben hacer es incorporar estas dinámicas sin descuidar las demás. A veces siento que las bibliotecas se meten de cabeza en unas prácticas mediáticas o de moda, que duran lo que tarda una nueva moda en llegar. El que tengamos televisión no implica que no vayamos a cine o erradiquemos el teatro de nuestro panorama. ¿Por qué debería ser diferente con la narración transmedia y la narración lineal?

      El gran reto si lo veo en trasladar el enfoque a los lectores y no a las bibliotecas: ¿Cómo hacer que quienes únicamente han conocido la narración transmedia se involucre en la lineal?

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada.