Día 16: Sala de lectura de la casa de Rafael Pombo #30dias30bibliotecas

Esta publicación hace parte del reto 30 días, 30 bibliotecas.

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Sala de lectura de la casa de Rafael Pombo

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Sala de lectura de la casa de Rafael Pombo 4.596391, -74.074143 [caption id=\"attachment_7966\" align=\"aligncenter\" width=\"2592\"] Sala de lectura de la casa de Rafael Pombo[/caption]Día 16: Sala de lectura de la casa de Rafael Pombo #30dias30bibliotecasBogotá, Colombia (Indicaciones)

La visita

Fui buscando la “Biblioteca de la casa de Rafael Pombo”, pero me sorprendió que esta no es una biblioteca, sino una sala de lectura. Tienen más de 4.000 títulos y es una sala de lectura infantil y juvenil. Ofrecen préstamos externos, horas de lectura y musicalización de cuentos. Tienen promoción de lectura diseñado con base en la pedagogía de la sensibilidad, según puede leerse en su sitio web.

Las No-Bibliotecas

¿A qué se debe que a las bibliotecas se las llame de otra forma? Al visitar a la Biblioteca Universitaria de la Javeriana te encuentras que ya no es una biblioteca universitaria, sino un CRAI (sigla que traduce Centro de Recursos para el Aprendizaje y la Investigación). Parece ser que hay una necesidad de desligar el concepto “biblioteca”, como si éste hiciera referente a algo vetusto que debe ocultarse. Así lo advertía el texto La biblioteca como biblioteca.

¿Cómo se les llama a los bibliotecarios que trabajan en estos espacios, si ya no se llaman bibliotecas? ¿Craiólogos, sala-de-lecturólogos, bibliotecólogos con énfasis en crais y salas de lectura? Además ¿en qué se desempeñan? ¿Qué hacen que sea tan diferente sus labores de las de un bibliotecario? Al crear el artículo en Wikipedia se nota la influencia inglesa pero ¿tenemos el mismo contexto que los ingleses? Allí se habla de profesionales en información, certificados por CILIP, la asociación inglesa. ¿Deberíamos adoptar modelos similares para nuestros países latinoamericanos?

Me gustaba mucho la postura de una colega, quien me decía que estos espacios o servicios se dan al interior de las bibliotecas, pero parece que se tomaron por asalto el nombre como si fueran entidades independientes. ¿Nos da vergüenza decir que somos bibliotecarios? ¿Es necesario hacer énfasis en la diferencia que puede tener un bibliotecario y un bibliotecólogo?

El peligro que encuentro en el fomento de las no-bibliotecas, esas instituciones que hacen todo lo que hace una biblioteca, pero usan otros nombres para identificarse y reconocerse, es que pueden pasar por alto procesos, labores y servicios que son necesarios para el buen funcionamiento de una institución comprometida con el acceso a la información, pero que al eliminarse o modificarse, deben pensarse nuevamente, generando pérdidas de tiempo o procesos adicionales en su gestión.

Por otro lado el imaginario que crea el concepto “biblioteca” como espacio seguro, público, de bienes comunes y colaboración podría perderse en estas no-bibliotecas. Asimismo puede ocurrir con el rol del bibliotecario, como el intelectual de su comunidad, como lo propone Silvia Castrillón en su libro El derecho a leer y a escribir.

Otro posible problema que encuentro es que instituciones como las asociaciones bibliotecarias se verían debilitadas, incidiendo en la representatividad de estas figuras gremiales. Por ejemplo si se va a realizar una política pública para bibliotecas ¿hay que hacer una específica para CRAIs, otra para salas de lectura y así sucesivamente? ¿No resulta más práctico tener una sola figura que las represente a todas?

Imagino que esto tendrá que ver con el afán de los bibliotecólogos colombianos a que nadie más ocupe su cargo usando una ley. Seguro si se tiene una biblioteca, la ley obliga a que el director sea un bibliotecólogo graduado, pero al tener una sala de lectura, el director podría ser de otra profesión.

Puede que me esté equivocando, pero agradecería si en los comentarios dejas tus ideas, a favor o en contra o bien explicando el por qué de estos cambios. Me encantaría entender este fenómeno. Busqué el uso del término en Wikipedia y al no existir, lo redacté, basado en este texto de Ciencia de la Información en Wikipedia. ¿Será un fenómeno colombiano o se está dando en otros lugares?

Un poco de contexto

Rafael Pombo (1833-1912) fue un poeta y fabulista colombiano que nació en esta casa. Si eres niño en Colombia es muy probable que sepas los cuentos de La pobre viejecita, Simón el bobito o Rin Rin Renacuajo entre muchos otros. Es uno de los autores colombianos más famosos que se encuentran en dominio público, por lo que en mis presentaciones de la Calculadora de Dominio Público casi siempre sirve de ejemplo.

La Fundación Rafael Pombo trabaja en asocio con la Biblioteca Luis Ángel Arango. La infraestructura de la Biblioteca Luis Ángel Arango es la que sostiene la infraestructura técnica de la sala de lectura, por ejemplo con su catálogo o la carnetización de usuarios.

Los alrededores de la biblioteca

Es un sitio incrustado en la parte colonial de Bogotá, a pocas cuadras del Capitolio Nacional de Colombia. Es vecino del Teatro Colón y una anécdota curiosa es que muy cerca Mick Jagger, vocalista de los Rolling Stone comió oblea y desde entonces varios de los carros de obleas que venden por ahí se llaman “Obleas Mick Jagger” y se adornan con algunas fotos del histórico suceso.

Esta biblioteca queda cerca de la Luis Ángel Arango, la Casa de Poesía Silva y la Universidad de La Salle.

Las fotos

5 opiniones en “Día 16: Sala de lectura de la casa de Rafael Pombo #30dias30bibliotecas”

  1. Como siempre.
    Excelentes reflexiones. Invitan a pensar mucho. Creo que los bibliotecarios ejercemos roles de acceso a la información en distintas instituciones y que el alcance de tus preguntas pueden tener diversas respuestas por país. Por ejemplo, en Argentina un bibliotecario puede llegar a trabajar en un museo… en un archivo, en un centro de documentación… en mi ciudad, hasta existen “bebetecas”… desde la carrera siempre se trabajo por una visión “del profesional de la información” por considerar que “bibliotecario” quedaba arcaico y circunscrito a un concepto muy acotado. Sin embargo, insisto, dejas mucho lugar a repensar hasta dónde llegamos para posicionar nuestro trabajo por no saber resignificar el rol del bibliotecario como bibliotecario. Yo por ejemplo, suelo “vender” mi trabajo a otros entornos como “gestora de información” porque con el tiempo ha sido el canal de entrada a otras áreas de trabajo que puede hacer un bibliotecario. Creo que es importante repensar el alcance del bibliotecario como bibliotecario para entender que no es preciso ponerle nombre nuevos a las bibliotecas. Es análogo a un comentario de Edgardo Civallero sobre las bibliotecas humanas… el dice que eso se llama “conversar” y no lo ve positivo. Es otro tema, pero creo que también alude a cómo reinventamos conceptos para “vender” nuestro trabajo.
    Creo que es importante que las asociaciones tengan presente tu planteo, porque sin dudas se abren ventanas que pueden perjudicarnos.
    Saludos!

    1. Hola Virginia.

      Qué bueno tenerte nuevamente en este espacio 😉

      Muy de acuerdo. Parece ser que la situación por país difiere bastante en América Latina. En Colombia nos hemos dedicado a sectorizar: Archivistas, bibliotecarios y museólogos tienen cada uno su tarjeta profesional. En Colombia creo que este modelo no funcionaría primero, porque las asociaciones colombianas distan mucho de la inglesa, además el rol de certificación parece que ya se hace en la universidad. Habría que analizarlo más profundamente, pero creo que por ahí va la cosa.

      Por mi academia también se apunta a profesional en ciencia de la información, pero no sé si la realidad del país esté para eso. Me gustaría que avanzáramos al rol de profesional de información, aunque valoro mucho la labor del bibliotecario. El libro de Silvia me ha ayudado a pensar más el asunto, aunque sigo sin respuesta.

      Ese mismo libro también habla sobre la cultura escrita y que conversar es conversar y leer es leer. Pareciera que allí también se cruzaran esos límites conceptuales sin analizar a profundidad sus implicaciones. Intercambié algunos correos con doña Silvia y me comentó que van a sacar una nueva colección de ensayos al respecto. Espero leer y compartir, como de costumbre.

      No sólo veo pertinente que las asociaciones analicen esto, sino que la sociedad en su conjunto piense en términos de contexto. Siento que uno de los males de nuestra región es que nos apropiamos de cosas sin contextualizarlas.

      ¿Cómo será en otros países? ¿Cómo lo solucionan?

      Un abrazo.

  2. Es siempre interesante reflexionar sobre este tema, sobre todo por el gusto que menciona Virgina a ponerle etiquetas nuevas a lo que hacemos siempre. Bibliotecas vivas, es conversar es una idea contundente ¿acaso no se puede conversar en una biblioteca si no es a través de uno de sus servicios? Algo que me recordó este comentario es que hablando con unos amigos de otras profesiones, cuando les hablé del concepto de “bebeteca” me preguntaron si era un tipo de bar donde, además de beber, podías leer libros.
    También, y a propósito de lo que menciona David, llama la atención que en un momento en donde nuestras actividades académicas y profesionales tienden a la apertura disciplinar, como profesionales nos estamos aislando, raro si tu bandera es la capacidad de tratar información de todo tipo.
    Adaptar modelos sin contexto, como se menciona, sin mayores análisis acentuarán temas que ni siquiera con las bibliotecas tenemos resueltos. Y si eso pasa espero que no nos llegue el lamento del canto de los raperos gringos de los 90’s: Baby don’t CRAI

  3. JAJAJAJAJAJAJAJAJA…. totalmente! Para cuando stand up?
    Bueno, creo que el problema de los bibliotecarios también es el de “casarnos” con abogados, informáticos y licenciados en marketing…
    A veces no sabemos como vender lo que hacemos, pero principalmente esto que hoy pensamos como errores (también hay que estar abiertos a que seamos nosotros los equivocados), son estrategias de promoción en situaciones de crisis, que son no solo locales de las instituciones, sino sociales también.
    Yo en lo personal disiento totalmente de las bibliotecas humanas. Me parece horrendo “leer” a un sicario o a un violador arrepentido, o a cualquier ejemplo… y que desde una biblioteca quieran sensibilizarme con respecto a algún tema, pensando en que no puedo evocar el sentido de identificación con un tema o compromiso con una causa a través de la información… Las personas también son información, y detrás de los libros hay personas, pero creo que vamos mucho más allá (con las bibliotecas humanas) cuando aún no hemos entendido el más acá… se podrían hacer conversatorios con personas que han pasado por situaciones (el sicario por ejemplo), pero en base a recomendación de libros y estrategias literarias… creo que está la falsa idea de “vamos a llevar las charlas TEDx a las bibliotecas y seamos super progres”… Este tipo de actividades demuestran nuestras propias inseguridades.
    En mi biblioteca he hecho varias veces un sistema de “cita a ciegas con un libro”, creo que es mucho más creativo y propio e las bibliotecas. No ha sido mi idea, pero la vi, me gustó y le hice un benchmarking.
    Quizás tienen mas sentido las bibliotecas humanas en un café literario (otro invento de las bibliotecas o las librerías, pero más viejo que los de ahora)… pero prefiero la idea clásica de conversar y punto.
    Con respecto a las bebetecas, es muy bueno… jeje, no estaría mal… también hay ludotecas… Seguro las de ahora tengan playstation.
    Una crítica constante, el individualismo del bibliotecario… quizás por eso toma sentido la diversidad de ideas tan desopilantes (sentido de competencia puro)
    Saludos, buen comentario.

    1. Hola

      Creo que estos comentarios apuntan a un problema de identidad, una duda epistemológica: ha de ser que no estamos seguros de quienes somos y por eso copiamos lo que vemos en otros lados.

      Me alegra que algo de humor se aparezca por este espacio. También tomarnos muy en serio nos pone en una onda rígida que impide reconocernos, reírnos de nosotros mismos, aprender e intentar cosas nuevas ¿no?

      Coincido con Virginia ¿para cuando una nueva versión del stand up, Leo?

      Saludos.

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