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Memorias del siglo XXI

Un álbum de fotografías familiares de principios de siglo 20, una libretica con dibujos de soldados participantes de la guerra de los mil días usada como diario de guerra, fragmentos de prensa de hace doscientos años. Pequeñas notas escritas a mano por alguna persona influyente en la vida social de una época lejana. Todos estos pueden ser algunos de los testimonios que han ido quedando a través del tiempo. Trozos de historias inconclusas que se deben ir hilando junto con otros fragmentos, piezas y vestigios dispersos por un país, una región o un continente. Todo, a pesar del tiempo, persiste en objetos físicos resguardados en bibliotecas, archivos museos o en el desván de alguna linda vivienda de estilo inglés en algún lugar.

Lo que alguna vez fue un objeto cotidiano, hoy es un fragmento de valor incalculable que nos da pistas para conocernos como sociedad. Hoy gran parte de nuestras actividades diarias están registradas y eso es algo interesante, sin embargo todos esos documentos están resguardados en un entornos digitales, inmateriales. Aparentemente de acceso personal, de algunos pocos o de todos,  en cualquier momento y desde cualquier lugar. Aparentemente. Pero qué pasaría si en algún momento en el futuro, todos los registros de nuestras vidas, todo lo que se almacenó en algún servidor en un país del norte deja de estar accesible para nosotros… ¿sus dueños?

Dejar nuestros registros del mundo que conocemos en las plataformas gratuitas que nos ofrecen en la web hoy, puede verse como una práctica irresponsable, si esperamos que estos perduren para la posteridad; para que las generaciones venideras puedan darse una idea de nuestro qué hacer cotidiano en las puertas del siglo XXI.

Existen algunos aspectos que omitimos a la hora de utilizar algunos servicios en la web para conservar, de alguna manera, los distintos tipos de documentos que generamos día a día (textos, audios, vídeos, imágenes). Uno de los más preocupantes es ignorar que la mayoría de estos servicios son ofrecidos por empresas privadas y que como empresas buscan algún beneficio por su uso. Basta ver algunos de los términos y condiciones de uso de estos servicios para hacerse una idea.

Todavía tenemos la opción de almacenar todo en nuestros equipos y dejar de confiar un poco en los servicios web. Está bien, pero como se mencionó hace un par de semanas en la prensa, parece que una era oscura digital podría avecinarse, si no es que ya nos está pisando los talones.  El avance y actualización tanto del software como del Hardware aumenta la obsolescencia de equipos y formatos ¿todavía puedes ver los vídeos familiares en Betamax de cuando chapoteabas en la piscina para niños o ver ese primer trabajo de universidad en una versión de Microsoft Word incompatible con la actual? Toda nuestra memoria digital podría terminar siendo bits inaccesibles agrupados en los discos de almacenamiento.

Por suerte no todo está perdido o por lo menos no por ahora. Desde hace algunos años se ha estado trabajando alrededor del mundo en esta preocupación y, por supuesto en nuestro país, con el Depósito digital de obras colombianas. Para más información pinchar aquí.

La pregunta sobre cómo debeos almacenar y conservar nuestra información, auque es de interés general, es evidente que es una preocupación que le debe quitar el sueño a los profesionales de la información. Al fin de cuentas está claro que las distintas unidades de información en el mundo están tomando cartas en el asunto y algunas otras, si todavía no se han preguntado qué pasará luego de digitaliza sus colecciones, pronto deberán enfrentar esta situación y actuar.

Existen las preocupaciones pero también las oportunidades. La puerta está abierta para cuestionar, experimentar y proponer soluciones a la obsolescencia progresiva del software y hardware que podría crear una nueva brecha en el acceso a nuestros registros digitales y en consecuencia, a futuro, a las primeras décadas de memoria digital de la humanidad, por lo menos desde esta latitud.

Finalmente y recordando el dicho “como es en lo pequeño, es en lo grande” no está mal preguntarnos ¿cómo conservamos nuestra información digtal en estos tiempos?

La visibilidad es una trampa

Basta entones situar un vigilante en la torre central y encerrar en cada celda a un loco, un enfermo, un condenado, un obrero o un escolar. Por el efecto de contraluz, se puede percibir desde la torre, recortándose perfectamente sobre la luz, las pequeñas siluetas cautivas en las celdas de la periferia. Tantos pequeños teatros como celdas, en los que cada actor está solo, perfectamente individualizado y constantemente visible. El dispositivo panóptico dispone de unidades espaciales que permiten ver sin cesar y reconocer inmediatamente. En suma, se invierte el principio del calabozo; o, más bien de sus tres funciones -encerrar, privar de la luz y ocultar-; no se conserva más que la primera y se suprimen las otras dos. La luz plena y la mirada de un vigilante captan mejor que la sombra, que en último término protegía. La visibilidad es una trampa. Michel Foucault

En Vigilar y castigar. Página 232.