Día 11: Biblioteca ICANH #30dias30bibliotecas

Sala de consulta ICANH

Esta publicación hace parte del reto 30 días, 30 bibliotecas.

La ubicación

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Biblioteca del ICANH

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Biblioteca del ICANH 4.596572, -74.070586 [caption id=\"attachment_8121\" align=\"aligncenter\" width=\"150\"] Sala de consulta ICANH[/caption]Día 11: Biblioteca del ICANHBogotá, Colombia (Indicaciones)

Esta bibliotca se encuentra en el barrio de La Candelaria en Bogotá.

La visita

Conocí la existencia de esta biblioteca luego de salir de una obra en el Teatro de La Candelaria. En ese momento estaban remodelando la casa del instituto y justo en la fachada del frente vi una pequeña placa que decía “Biblioteca ICANH”. En ese momento era estudiante de bibliotecología y me llamó la atención la temática del instituto: antropología e historia.

Uno o dos años más adelante apliqué a una convocatoria e ingresé como bibliotecario del instituto. De eso ya han pasado varios años y volver a entrar a esta biblioteca fue una nueva experiencia.

Para empezar, la sala de consulta fue remodelada hace poco, el espacio en el que había trabajado, actualmente, no tiene ni rastro de lo que había conocido. Esto me alegró bastante. Esta adecuación de espacios mejora las condiciones, tanto del personal de la biblioteca, como del público que la frecuenta.

En la visita, aproveché para volver a leer unos fragmentos del libro Viaje a pie, de Fernando González, que sabía que allí iba a estar. La colección de la biblioteca es cerrada. La bibliotecaria luego de ayudarme con la solicitud del libro se dirigió a una ventanilla fuera de la sala de consulta en donde otra persona buscó entre los estantes e hizo el registro del préstamo. Luego de leer un poco, me acerqué una vez más a la bibliotecaria y le pregunté por la remodelación y los servicios de la biblioteca.

En la segunda mitad del 2013 la biblioteca cerró al público externo para adecuar las instalaciones de la sala de consulta, la oficina de correspondencia, la sección del servicio y la adecuación de una precaria cocina en una oficina, en donde actualmente se encuentra la persona encargada de la biblioteca.

Sobre los servicios bibliotecarios, la biblioteca presta sus servicios principalmente en las instalaciones de la biblioteca, los prestamos externos se hacen por medio de convenio interinstitucional. Hay servicio de fotocopiadora, equipos de computo en la sala de lectura y lector de microfilm. No ha redes inalámbricas habilitadas.

Sobre las colecciones, la biblioteca cuenta un centro de documentación con los informes de investigación del instituto en temas como arqueología, etnología, sociología, historia, y estudios que se puedan desprender de estas categorías. La colección general se compone de libros relacionados con los temas de interés del instituto y una sección que poco a poco se ha ido difuminando, relacionada con literatura hispánica. También poseen el archivo en microfilm de documentos del archivo de indias y copias de actas de nacimiento, bautismo, matrimonios y defunciones de los archivos de las parroquias más antiguas de Bogotá. Una pequeña colección de mapas, planos y dibujos, éstos de sitios y artefactos arqueológicos; y material audiovisual (cassetes de vídeo, audio, cintas de carrete abierto y CD), desafortunadamente, algunos de estos materiales no se pueden consultar por falta de un equipo que facilite su lectura. También hay registro de incunables y libros publicados entre los siglos XVIII y XIX.

Un poco de contexto

La sede actual de la biblioteca pertenecía al Instituto Colombiano de Cultura Hispánica, institución creada en 1951. Este instituto tenía como objetivo de divulgar la herencia Española en Colombia. En la casa se encontraba la Biblioteca Miguel de Cervantes Saavedra, en ella se mantenía el depósito de libros en el primer piso, tal cual existe hoy en día, y tenía destinados los niveles superiores como una sala de consulta. Los libros eran transportados por un ascensor desde el deposito hasta el tercer piso según los requerimientos de sus visitantes.

En la entrada de la casa, en ese entonces, existía un patio con un busto de Miguel de Cervantes, el cual daba la bienvenida a la biblioteca. Esto desapareció cuando en 1999 fue fusionado con el Instituto Colombiano de Antropología, dando origen al actual Instituto Colombiano de Antropología e Historia (ICANH).

Por otra parte, el Instituto Colombiano de Antrpología tiene sus orígenes de una fusión previa. En 1938 se crea el Servicio Arqueológico Nacional y en 1941 es creado el Instituto Etnológico, que para 1952 se unen formando el Instituto Colombiano de Antropología, institución dependiente del Ministerio de Educación, en un primer momento, y a partir de 1968 pasa a ser parte del Instituto Colombiano de Cultura (Colcultura) hasta 1999.

La biblioteca de este instituto recorrió varias instalaciones antes de llegar a su actual recinto. Desde establecimientos en Teusaquillo y La Candelaria, hasta el espacio que hoy ocupa el Restaurante El Panóptico, en el Museo Nacional de Colombia.

El origen y las transformaciones que tuvieron cada una de las instituciones que conforman al ICANH en la actualidad tienen una historia propia, que está en gran parte documentada en las colecciones de la biblioteca.

Los alrededores de la biblioteca

Sobre la misma calle y una casa junto a la Sede principal del Instituto se encuentra el Teatro La Candelaria.

Una cuadra al oriente, sobre la calle 2, se encuentra la casa en donde nació José María Vargas Vila, y al norte por la misma calle, a una cuadra de distancia, se encuentra la plazoleta del Chorro de Quevedo.

Hacia el occidente se encuentra el camino que lleva a la Biblioteca Luis Ángel Arango.

Sobre la carrera 3 y dos cuadras hacia el norte, existe, todavía, una panadería y pastelería llamada Mi vieja Suiza. Aunque en los alrededores hay una oferta variada de cafeterías y restaurantes, ésta no puede pasar desapercibida.

Las fotos

Instituciones culturales frente al Derecho de Autor

Mientras pensaba en cómo completar un par de párrafos para tratar un tema que me ha dado algunas vueltas en la cabeza desde hace un tiempo, leí en la prensa un fragmento de texto que afirmaba que el tema de tendencia global en el momento es la “neutralidad”, a propósito de internet.org. En ese momento recordé que en esta época está bien llevar el discurso de acceso a la información y procurar que todas las personas puedan obtener variedad de servicios en la web de una manera igualitaria.  Pero de momento mi problema inició desde otro punto… de acceso. La información contenida dentro de los muros de las instituciones culturales.
Es común encontrar en este blog entradas relacionadas con el derecho de autor y las bibliotecas. Lo interesante es que, si bien existen grupos que apoyan el acceso a la información, así como las excepciones y limitaciones al derecho de autor en bibliotecas, es muy poco lo que conocemos sobre personas que intenten garantizar cierta flexibilidad al derecho de autor con obras o materiales en otro tipo de unidades de información diferentes a las bibliotecas.

Guías básicas

El derecho de autor, por ser un tema de interés general, en la actualidad cuenta con una amplia cobertura en temas de carácter formativo e informativo para distintos tipos de públicos. Algunos para sectores específicos (Abc del Derecho de autor para bibliotecarios o la Guía de derecho de autor para bibliotecas) otros para el público en general (como los que se ofrecen en la página de la Dirección Nacional de Derecho de Autor, DNDA), pero en el fondo algo general que no logra abarcar la complejidad de este tema para todos los actores involucrados de una u otra manera con el acceso y uso de la creación del intelecto humano, las obras científicas, literarias y artísticas.

En todo caso existen iniciativas interesantes, como el libro de Cultura al derecho, que tiene un sitio en la web, y que trata de abordar distintos sectores relacionados con las creaciones o adaptaciones de las obras. No obstante, este tipo de publicaciones puede quedarse en generalidades para los distintos sectores.

La desinformación en las unidades de información

El flujo masivo de información que circula actualmente por distintos medios es un motivo para abrumar a cualquier persona, aunque también es un buen recurso para quien puede tomar con firmeza el timón y navegar por la web buscando las mejores rutas para lograr encontrar los puertos con la información correcta. Y es que, a pesar de la variedad de recursos, comentarios de expertos y uno que otro caso práctico sobre  derecho de autor, por ejemplo, no es de sorprender que algunas personas no profundicen en estos temas y se queden con la información general sobre la presentación de una norma que, por lo general, tiene un tono que se puede tornar restrictiva.

Desde abogados hasta sencillos bibliotecarios pueden verse en algunos líos con las interpretaciones de las normas, excediendo, algunas veces, las libertades como también las restricciones al acceso y uso de obras. Algunos casos concretos con los que me he encontrado consisten en asumir que una obra entra en dominio público basándose en que la fecha de elaboración de la obra es anterior a 1930, o algunos más comunes, todavía, se encuentran cuando se asume que, si no se ha identificado un autor de una obra y su fecha de creación es de finales del siglo XIX o principios del XX, esa obra no tiene derechos, por lo tanto se puede usar libremente. Si les ha pasado algo así, no hay por qué preocuparse, hay casos más penosos.

¿Y en caso de que se presente algún problema?

Lo que es evidente es que el derecho de autor frente a la misión de instituciones culturales, como museos o bibliotecas, por mencionar algunas casos cercanos, choca.

Lo bueno y lo malo del asunto es que no he visto muchos casos en donde personas demanden a instituciones culturales por temas relacionados con el derecho de autor, aunque puede pasar. Los líos se centran, por lo general, en las editoriales. Puntos en contra, no existe una ley o algún ítem en ella que impida que las personas demanden, así la institución tenga las mejores intenciones.

Por supuesto, desde nuestra trayectoria, estamos más enterado de la situación de las bibliotecas, en donde en algún lugar de su misión se encuentra algo como “brindar acceso a la información y…”, lo que ayuda a enfrentar de alguna manera ciertas restricciones o ambigüedades en las normas, por supuesto, tomando riesgos. Por otra parte, en instituciones como un museo, por ejemplo, ese aspecto de su misión no es tan explícito.

Si revisamos la institución que se encarga de apoyar la consolidación y el desarrollo del sector museístico del país, encontramos que su misión es “Salvaguardar el patrimonio cultural… y narrar la historia de los procesos culturales del país…”.  En el primer caso, un medio de salvaguardar el patrimonio del país, por ejemplo, es la digitalización de la obra que implica realizar una obra derivada del original. Si el original es una obra Huérfana (anónima o sin autor identificado) se podría hacer una excepción a la ley siempre y cuando la obra no se divulgue. Algo así como lo que pasa con el fondo de Nina S. de Friedemann, por tomar un ejemplo. Este fondo se encuentra en la Biblioteca Luis Ángel Aarango y… está ahí, se puede consultar pero ya, si consigues a las personas herederas de la señora Friedemann te pueden dar una autorización que solamente aplica para el material que es de autoría de Nina, aunque esta familia donó gran parte del material que reposa en el fondo a finales del siglo pasado; sino debes ir detrás de cada colaborador de sus investigaciones para lograr una autorización de uso. Todo lo que una persona puede hacer con ese material sucede dentro de las paredes de la Biblioteca. ¿ Y cuantos fondos y archivos existen en esta y todas las demás bibliotecas del país? y si a eso le sumamos otras instituciones culturales ¿Qué tan amplio es es acceso y uso de los materiales que reposan en éstas?

Volviendo a la misión del Museo, la narración de la historia de los procesos culturales del país implica una difusión pública, dar acceso a las personas a una información, a las obras, objetos, documentos que representan la historia del país y su gente. Y si, suponiendo un escenario ficticio y totalmente alejado de la realidad, varias de estas obras no tiene información de procedencia y mucho menos de un autor o derechohabientes que se pueda identificar (retomando el caso de obras huérfanas) ¿esta institución no estaría comentiendo una infracción en caso de usar obras con esas características?

¿Cómo termina esta historia?

Todavía no lo sabemos. Por ahora dejaremos este abrebocas mientras recopilamos más información sobre otras instituciones. Esperamos que algún lector o lectora que vea cercano un o varios casos como los que presentamos en esta entrada pueda compartirlo con nosotros.

La Biblioteca como Biblioteca

Nouvelle salle de la Bibliothèque imperiale, gravure tirée de L'Illustration du 30 mai 1868 (Bibliothèque des arts décoratifs, Paris).

Durante el 2014 pasaron varias cosas interesantes, muchas muy efímeras y otras mucho más constantes y sonantes. En este periodo de inicio de año, época en la que se puede rumiar algunas de las tendencias que marcaron un poco el año pasado que se cruzaron con la bibliotecología en el país. Por supuesto este texto se limitará a un tema: makers y hackers en la biblioteca.

El tema llamó mi atención, particularmente, luego de encontrar variedad de textos vídeos y contenidos en algunos pequeños círculos de bibliotecólogos en el país, aunque el tema se extendió, por supuesto, a muchos otros sectores y grupos, en donde el uso de estos términos era constante y sonante. Desde el inicio de año uno de los espacios más llamativos en donde se podría tener la esperanza de experimentar una posible adaptación de una actitud hacker o maker en Bogotá fue el Laboratorio de la Biblioteca Nacional de ColombiaLABN. En él se realizaron varias charlas sobre distintos temas y de vez en vez un taller práctico. Fuera de estas actividades, el laboratorio estaba abierto al público, en donde prestaban el espacio y equipos. Pronto la preocupación, por debajo de cuerda, parecía ser que cuando no habían eventos el espacio era visto como un café internet, una idea con la que nunca he estado de acuerdo cuando se señala a las bibliotecas. Siempre me ha parecido que en un café internet se tiene más libertad de acceso a la hora de navegar en la web.

También recordé una iniciativa que me pareció interesante aunque desafortunadamente no hice parte de ella, un blog colaborativo, que lastimosamente no está habilitado en el momento, Obturisti.co, que fue una iniciativa de Mauricio Fino en donde se comentó alguna vez desde este blog, con la participación de Brigitte Baptiste. Dándole vueltas a este asunto pensé que iniciativas de este tipo son una buena alternativa a espacios colaborativos del tipo Biblogtecarios o Infotecarios pero a un nivel más local, un buen medio de registrar la producción de contenidos digitales desde un punto geográfico “más íntimo”.

A esto se le suma una presentación de Alejandro Piscitelli sobre bibliotecas y cultura maker referencia da al final de este post*. Con esto, se puede ver a mediados del 2014 una tendencia fuerte, no sólo en el campo de la bibliotecología, de explorar y comentar los espacios de trabajo colectivo presentándolos bajo una etiqueta de maker o hacker. Aunque también exista cierta preocupación sobre la manera en que los profesionales de la información y bibliotecólogos puedan hacer a partir de estas tendencias. Por ejemplo lo que se menciona en el post titulado “Estimado bibliotecario, ¿a qué juegan las bibliotecas?” (ver el enlace anterior), en donde se genera una nube de preguntas al rededor del tema, el conocimiento de los profesionales sobre el asunto y, por supuesto, qué hacer para dejar de hacer lo que siempre hemos hecho y dar un paso adelante.

Una luz de bengala apareció en este camino luego de recordar haber visto el vídeo sobre la presentación, justamente en la Biblioteca Nacional de Colombia, sobre “Las Pata-Bibliotecas/Biblioteca” realizado el pasado mes de noviembre. En esta presentación se muestra una imagen de una biblioteca universitaria de 1610 que “de alguna manera podría representar la forma como los usuarios ven a los bibliotecólogos…” transcribiendo las palabras del ponente, pero ¡un momento! ¿es así como de alguna manera nos ven los usuarios o como de alguna manera nos vemos a nosotros mismos? En cualquier caso es un punto interesante de discusión y, que por supuesto, me llevó a una imagen de un par de siglos más adelante en donde se ve una biblioteca pero tal vez con otros ojos.

Nouvelle salle de la Bibliothèque imperiale, gravure tirée de L'Illustration du 30 mai 1868 (Bibliothèque des arts décoratifs, Paris).
Nouvelle salle de la Bibliothèque imperiale, gravure tirée de L’Illustration du 30 mai 1868 (Bibliothèque des arts décoratifs, Paris).

Del cajón de los recuerdos encontré esta imagen de un folleto que llegó de nuestro corresponsal en el congreso mundial de IFLA 2014 en Lyon, en donde se ve a las personas hablando, otras, al parecer, discutiendo y algo más de movimiento lejos de las estanterías estáticas. Una imagen muy diferente a las del siglo XV, pero también alejada de lo que parecemos representar actualmente, más allá de las etiquetas.

Entonces hasta este punto podríamos pensar en un nuevo nombre con el cual podemos llamar la transformación de las bibliotecas o podemos tomar la actitud de transformar las bibliotecas. Por supuesto se debe valorar todas estas iniciativas y tomarlas como un punto de partida, si bien ya se ha discutido (y por cierto, lo seguimos haciendo en esta entrada) por qué no pasar a la práctica, hacer un esfuerzo por dar el paso.

Tal vez uno de los mejores ejemplos venga de los lugares más inesperados y algo alejados del espacio físico que representa una biblioteca, una iniciativa que duro poco aunque se desarrolló de una manera muy intensa desde el corazón de los estudiantes de pregrado que se generó y avanzó en la  iniciativa de crear un espacio de discusión en el laboratorio de Ciencia de la información y Bibliotecología de la Pontificia universidad Javeriana, denominado Tardes en el LabCi. Algunas de las sesiones fueron documentadas en este sitio. De esta experiencia solo quedan algunas preguntas ¿Qué más y en qué otros lugares falta documentar las experiencias de este tipo? ¿qué tan constantes son? Bueno, las respuestas seguramente aparecerán mientras transcurre el año, sin embargo ¡se los advertimos!  si estas iniciativas continúan, estamos prestos a colaborar en su desarrollo, por ahora es nuestra alternativa para dar ese “paso hacia adelante” sin la necesidad de renombrar la biblioteca, el espacio de construcción y recopilación de conocimientos y experiencias  más antiguo que tenemos y trabajarlo como es, como La Biblioteca.

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* Actualmente el enlace que se presenta no conduce a ningún lugar, pero básicamente es una versión anterior a está otra presentación  extraída de su página en Prezi en donde se refiere a la cultura maker dirigido a otro público.

 

Tardes en el LabCi 3: Biblioteca Intercultural

TardesLaCI-Alejandro Tinoco

El pasado 22 de mayo se realizó en el Laboratorio de Ciencia de la información una sesión dirigida por Alejandro Tinoco de las ya conocidas Tardes En el LabCI. En esta ocasión Alejandro nos habló sobre sus intereses académicos y su trabajo como joven investigador de Colciencias, así como de su proyecto Biblioteca intercultural.

Durante la tarde, Alejandro habló sobre sus experiencias en el pregrado que lo llevaron a sus intereses académicos actuales relacionados a su profesión como bibliotecólogo y la cultura. Actualmente él es profesional en Ciencia de la información – Bibliotecólogo de la Pontificia Universidad Javeriana (PUJ por sus siglas) y cursa estudios de Antropología en la Universidad Nacional de Colombia. Durante este año se desempeña como joven investigador de Colciencias.

Uno de sus principales motivaciones sobre su trabajo actual fue el poder involucrarse en los programas de Bibliotecas Públicas de la Biblioteca Nacional de Colombia, encargada de temas de diversidad, en donde trabajó como monitor encargado de los becarios que se encontraban en distintas regiones del país haciendo trabajo de campo en proyectos en bibliotecas rurales, trabajo con afrocolombianos y comunidades indígenas. El contacto con estos espacios y con los distintos profesionales le permitió aprender sobre la diversidad cultural colombiana, particularmente la interculturalidad, el enfoque hacia los pueblos indígenas y las comunidades afro. Una mención importante durante la charla, con respecto a este punto, es que pudo ver que detrás de los temas de diversidad cultural existe, también, temas de conflicto armado y propiedad de la tierra, así como la incidencia que puede tener una biblioteca en estos entornos.

En el momento que decide retomar su trabajo sobre la biblioteca intercultural, presenta su proyecto renovado,  agregando modificaciones a partir de sus estudios en el área de la antropología en donde además de la interculturalidad se enfoca en lo comunitario. El proyecto está dirigido a la comunidad Nasa Sata Makiwe, indígenas del Cauca, con quienes ha estado trabajando durante este periodo como investigador de Colciencias.

Uno de los principales retos que se pudo ver durante la exposición de Alejandro fue el papel de una biblioteca creada por la comunidad para cubrir sus propias necesidades de preservación y divulgación de sus propios saberes. Todo lo contrario al simple hecho de implantar modelos que funcionan o más bien se aplican en otros contextos, como las escuelas, universidades o bibliotecas en las ciudades, que tal vez no son los más adecuados para sectores específicos de la población, como grupos indígenas.

Finalizanco la tarde se retomó el post Respuesta a la pregunta ¿A qué juegan las bibliotecas? y se comentó la situación de la biblioteca Central de la PUJ, en donde se comparaba con el sistema Transmilenio, debido a la centralización de los servicios bibliotecarios en un único espacio que no da abasto con la población estudiantil. Con respecto a este punto recordé un ejemplo de un profesor que alguna vez dijo en su clase que Transmilenio es una forma de pensar, y partiendo de este punto, una biblioteca también lo es y tal vez tanto las personas que usan este servicio, como las personas que lo administran (Gente de las bibliotecas) necesitan repensar estos espacios, proponer y actuar, ojalá con la comunidad académica , cubriendo en lo posible a todas las partes interesadas.