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¿Sueñan los bibliotecarios con libros eléctricos?

Desde hace un tiempo he estado compartiendo con David @hiperterminal algunos libros en formato ePub de interés común. Por lo general el lector de uso, el dispositivo para leerlos, era un iPod touch de fácil porte y uso en cualquier momento y lugar. Además de los libros en formato ePub también mantengo almacenados algunos textos en PDF pero que son un poco más difíciles de leer en una pantalla tan pequeña.

Hace un par de semanas pude acceder a un dispositivo Kindle, y gracias a un intercambio de archivos entre USBs adquirí cinco mil (5000) libros en formato ePub… El Kindle puede almacenar, por lo que he leído unos mil quinientos (1500) libros. Comprendí el malestar que este tema en cuestión generaba entre algunos colegas desde hace ya un par de años, por lo menos en esta región.

Aunque su desarrollo lleva más de tres-cuatro décadas algunas bibliotecas locales ya se han ido adaptando y buscando el modo de lograr dar acceso a libros electrónicos a sus usuarios. Sin embargo más allá del préstamo, espero, se incrementen los servicios y se implementen innovadores programas que le permitan a la comunidad lograr acceder tanto a los dispositivos como a los diversos contenidos que se están generando para este formato. Imaginen cómo se realizará un taller de lectura con algo como esto:

¿Qué nuevas habilidades necesitan adquirir los lectores? Y como dicen: se aprende haciendo, se espera que las bibliotecas puedan suministrar buenos servicios con respecto a estas tecnologías.

Y pensar que todo empezó en 1971 cuando Michael Hart transcribió la Declaración de Independencia de Estados Unidos en una máquina de teletipo como formato individual para una posterior descarga del contenido, luego de intentar fallidamente enviarla por e-mail. Este ejercicio desembocó en el Proyecto Gutenberg, que por lo que sé, hasta el año 2009 contaba con unos treinta mil títulos (30.000) del dominio público y en distintos idiomas, principalmente, Ingles, español, portugués y francés.

Lo que se está gestando y lo que vendrá, ojalá, llegue por intervención y buena gestión de profesionales que trabajan la información.

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Sección de Objetos perdidos II

Hace unas horas leí un artículo sobre las modalidades que tiene Facebook para saltar las barreras de protección de la información personal suministrada por los usuarios, de golpe llegó a mi mente lo que había hecho con la libreta de apuntes que encontré en la biblioteca y de la cual ya había comentado en días anteriores. Volví a revisar esos apuntes y fue inevitable volver a referirme a los relatos que allí encontré. Lo que me sorprende es que todavía no he encontrado una datación exacta de estos escritos y al ser una obra inédita, si así se le puede llamar, no podría hacer lo que leerá a continuación:

«En el infierno cabemos todos»

Algunos caminos aun están destapados y los campesinos o quien se encuentre en estas rutas esperan a un lado. El medio de transporte son unas camionetas capaces de soportar las travesías por las rutas rocosas y serpenteantes, avanzan rápido a pesar de todo y siempre se las ve dejando un rastro espeso de polvo en su andar.

En esta ocasión la camioneta en la que me encontraba estaba llena, era un día caluroso. Entre el zarandeo provocado por el estado de la ruta y las caras poco expresivas de los demás pasajeros me dejé ir por el rastro de polvo en el aire que dejaba a su paso el vehículo. Cuando  aminoró el paso, escuché a un nuevo pasajero hablando con el conductor.

– Buenos días, ¿sí hay campito?

-Pues mire a ver

Fue lo que dijeron, se escuchaban los pasos del tipo entre las piedras mientras caminaba a un lado de la camioneta hasta llegar a la parte de atrás en donde nos encontrábamos la mayoría de los pasajeros. Algunos llevaban maletas, otros bultos de algún alimento y algunos hasta gallinas o pollos cargaban en el viaje. Luego el tipo sólo dijo:

-¡Ah! pues si todos vamos a caber en el infierno, por qué yo no voy a caber acá…

Me pareció que el tipo tenía claro hacia donde iba.

La pregunta que me surge es ¿si dejara este texto en paz qué memoria estaría dejando perder entre el polvo y el olvido de una biblioteca pequeña? ¿Será posible encontrar más documentos de este tipo? y si las hay ¿Es posible recuperar o revivirlas por medio de la difusión y adaptación a otros formatos?

 

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Objetos perdidos: Sección olvidada en algunas bibliotecas

Desde la última entrada en el blog he pensado en las posibilidades de las bibliotecas frente a las tendencias que se manifiestan en estos tiempo con la llegada de internet y en cómo las personas se han apropiado de este medio. Esperaba complementar un poco las publicaciones anteriores pero creo que en esta ocasión no podré hacerlo debido a unos documentos que encontré en la biblioteca en donde trabajo mientras realizábamos algunos cambios en la biblioteca, agregamos estanterías y movimos cajas con material por procesar y documentos de poca consulta. Encontré, en cuestión, una libreta que se ve algo gastada, está escrita a mano y le faltan algunas hojas, no me importó demasiado en el momento pero cuando la leí me pareció extraño lo que encontré.

Se trata de una libreta de viajes, algo así como una bitácora, está un poco manchada y en algunas hojas las letras están corridas o borrosas. hasta el momento he curioseado las primeras páginas, abriendo la libreta al azar me topé con el fragmento que transcribo a continuación:

Trató de enseñarlo un poco mejor, con más clama, como al respirar. Tal vez estuve algo nervioso al principio, luego sólo pasó. de entrada en la maloca estaba Lucho arreglando sus cosas, nos saludó y siguió en lo suyo. Le eché un vistazo al lugar, había algunas maletas y algunas cosas amontonadas aquí y allá. Sobre unas tablas se encontraba una guitarra, Simón me la pasó y nos sentamos a esperar, al parecer no eramos los únicos en ese plan.

Pasados algunos minutos empezaron a llegar más personas, no me imaginé que fueran tantos. Al final fue un grupo pequeño pero aún así eran más personas de las que yo esperaba. Primero vi a aquella familia que se ubico justo en frente de nosotros y cargaban con aquella extranjera, que total nunca supe de dónde venía, diagonal a nosotros estaba esa pareja que mantenían tejiendo, lo hicieron hasta ya entrada la noche. El tipo se dedicaba a hacer nudos, como si hiciera alguna manilla o collar, su compañera tejía con aguja, parecía estar haciendo una faja o algo parecido. Me pareció  que se traían una posé muy hippie, luego no le dí más importancia. Luego llegaron dos tipos, se ubicaron al lado izquierdo del lugar en donde nos encontrábamos, uno de ellos de tanto en tanto sacaba un cuaderno y anotaba cosas, el otro se apoderó de una hamaca y ahí pasó el resto de la jornada. finalmente llegó una pareja de pastusos, profesores decían que eran y un momento después llegaron otro par de tipos uno mayor que otro, tenían algún grado de parentesco, tío y sobrino, estaban bien locos pero eran agradables. Justo cuando llegó ese último par lucho les dijo: «llegaron a buen momento, ya vamos a despegar» y soltó una leve risa.

Empezó con unos rezos, nos explicó lo que íbamos a hacer, el día era soleado y agradable, muy propicio. Continuó.

(…) Luego de tomar ese líquido espeso y con un sabor amargo, pero no demasiado, me senté. Esperé un poco y un hormigueo me recorrió todo el cuerpo. Levanté la mirada, me fijé en el techo de la maloca y la vista me palpitaba en sincronía con el sonido de unos tambores que tocaba Lucho, cerré los ojos, esperé un momento y me levanté. Me sentí pesado y dudaba al dar los pasos, parecía que no eran muy firmes y salí de la maloca, al sol, a la brisa, me sentía un poco mareado…

Me llamó la atención este fragmento por las descripciones que tiene, es un poco general. También carece de una continuación. El texto que le sigue es una cita textual de un libro de Eric Arthur Blair seguido de una descripción de una situación muy diferente a lo narrado anteriormente.

Por el momento dejaré el texto quieto, todavía no sé nada de su procedencia y tiene relatos inconclusos y poco entendibles. Más adelante tal vez transcriba algún otro fragmento que me llame la atención, por ahora solamente quería compartir este hecho que me desvió de mis actividades destinadas a la ciencia de la información y la bibliotecología pero, en todo caso, es algo que seguramente no ocurre todos los días mientras llevas a cabo tu labor en una biblioteca.

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Bajar internet al mundo físico

Al ver cómo han cambiado las cosas por lo menos en esta década con internet recordé las palabras que encabezan este post, lo que se refiere a bajarse internet, descargarlo al mundo análogo, a lo físico. Esa idea la escuché de un grupo de personas muy atentas a las actividades colaborativas, el acceso abierto y todas estas cosas, la gente de Platoniq.

Esa idea me quedó sonando y la verdad creo que es una buena alternativa, pero ¿qué implica hacerlo? o ¿para qué, si hay un montón de cosas por las cuales amamos a internet tal como va? Pues bueno, si lo pensamos hemos trasladado muchas de nuestras actitudes cotidianas al entorno digital y las hemos dejado desarrollar allí. La socialización, en algunos casos, la solución adecuada a un problema (o muchos) lo que implica trabajo en equipo, búsqueda de información, la selección adecuada de la información y la creación y transferencia de nuevos conocimientos. ¡Ya está! pero ¿cuál es el problema? El problema lo percibo como la idea general de que lo que se maneja en un entorno digital y lo que ocurre en uno análogo son dos mundos totalmente diferentes que no se relacionan entre sí;  lo que se me ocurre es que esa diferencia es de este tipo, por ejemplo: si lo llevamos a campos cercanos, en la educación. Si se enseña algo para la vida pero en un entorno totalmente aislado del mundo real ¿qué se está enseñando? Si los ciudadanos de ahora y del futuro necesitan aprender a resolver sus problemas en comunidad, en sociedad, pero los educan para ser individualistas y competitivos ¿qué ciudadanos tendremos? Si tenemos en cuenta que después de clase (o durante) los estudiantes se relacionan entre sí, comparten información y se ayudan para resolver problemas, tareas o trabajos académicos.

Lo mismo pasa con las tecnologías y el uso de información; si hablamos de encontrar buenas fuentes, de usar adecuadamente la información, de explorar e investigar con estos poderosos recursos a los que podemos acceder desde la web, pero  se restringe el acceso a la información o a ciertas páginas en instituciones educativas y algunas bibliotecas… ¿Cómo podemos apoyar o fortalecer el desarrollo de las habilidades que han crecido en internet y que son tímidas en lo análogo? — Esto me lleva a pensar en una extensión de actividades que se realizan entre visitantes frecuentes de bibliotecas y bibliotecarios (o Bibliotecólogos, como se prefiera) y en cómo se relacionan, en cómo se puede generar aprendizaje accidental o conocimiento por azar, en cualquier momento y lugar. También el miedo que parece existir ante la avalancha digital y el posible olvido de las bibliotecas, que es un factor a tener en cuenta y que existen personas que lo tienen presente, aunque sabemos que es difícil que suceda.

Creo que ese miedo se superaría si se piensa en el espacio físico, en el lugar en donde se puede crear comunidad, un sentido de pertenencia. En donde se pueda compartir intereses en común con otras personas y en donde se pueden arrastrar aspectos de lo digital que nos ayuden con nuestras actividades análogas, ver nuestro entorno como un laboratorio que crece y se expande, así suena mejor ¿no?

Ya que está la intención lo que queda es transformarla en acciones.

NOTA:

El sonido que introduce esta publicación es el generado por las conexiones Dial Up, o como lo suelen llamar, el antiguo sonido para conectarse a internet. Antaño, para poder conectarse se necesitaba de un módem que realizaba una llamada telefónica a otros ordenadores conectados a un número específico en la red telefónica. Los sonidos que se producían se generaban debido a que las líneas telefónicas eran análogas, por lo tanto el módem emitía y recibía señales en distinta frecuencia que eran moduladas y convertidas en datos digitales. Como lo recuerdo, no siempre se lograba una conexión exitosa y por lo que ahora sé se debe a que estas señales debían verificar (según lo encontré acá):

  • Señal de línea disponible
  • Tonos de llamada al número de destino
  • Grupos de señales de las distintas velocidades a las que puede comunicarse el módem, para elegir más rápida y óptima
  • Intercambio de datos sobre el modo de llamada (SYN-ACK)
  • Comprobación de velocidad
  • Modo Duplex (comunicación simultánea en ambos sentidos)
  • Conexión aceptada
  • Y datos

Con este último ya se contaba con acceso a internet y todo un nuevo universo.

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El protagonismo de las bibliotecas a través de los ojos de un despistado

Mientras revisaba un documento relacionado a la llamada alfabetización informacional y el rol de las bibliotecas frente al uso de las TICs por alguna razón empecé a recordar mi relación con las bibliotecas en distintos momentos de mi vida, desde muy chico hasta este momento en el que me encontré a media noche leyendo sobre el tema estando a un paso de ser profesional en esta área…

Las letras que se plasmarán a continuación serán parte de una reflexión temprana y sobre la marcha del texto. ¿Cuál ha sido el papel de las bibliotecas en estos 22 años de descubrimiento y aprendizaje?

El primer recuerdo que cargo de una biblioteca llega a una escuela rural situada en una vereda la cual su nombre he olvidado a las afueras de Fusagasugá, Cundinamarca. Lo primero que pregunté fue ¿qué es este lugar? mientras acompañaba a mi mamá a sacar unos cuantos textos escolares de un cuarto pequeño, húmedo, con un par de estanterías y un montón de cajas apiladas. El cuarto permanecía bajo llave, también guardaba un computador que no tengo claro si lo vi alguna vez en funcionamiento o sólo  como un chechere más de la habitación, seguro producto de alguna ONG.

Más adelante, cuando inicié mis estudios en la escuela primaria escuchaba a los más grandes hablar de reunirse en la biblioteca, me parecía un lugar más bien extraño en dónde sólo podías entrar cuando se fuera más grande y se estuviera en un grado académico más alto. En esos años teníamos un estante en el salón en donde se dejaban los libros y demás útiles de trabajo para el grado que se cursaba(se incluían colores, tijeras, temperas, el tarro de los punzones, pinceles, pegamento y un delantal). Al finalizar el año cargábamos con todos esos útiles sobrantes y los libros a casa, trabajo pesado aquel.

Mi lugar de castigo, de adelantar (o copiar) trabajos y de no poder reír o molestar con mis amigos llegó en los años del bachillerato. Era el lugar menos llamativo del colegio. El bibliotecario media más de 1.80cm y tenía un rostro duro, una espalda ancha y un humor de los mil diablos; fuera de los gritos de silencio y reclamo a los estudiantes no le escuche una palabra en un tono moderado o en una conversación. La biblioteca hacía parte de una sola sala. Gran parte de ella estaba ocupada por mesas unidas en forma de «U» y sillas, uno que otro pupitre; una parte pequeña estaba ocupada por estantes y el escritorio del bibliotecario. Los estantes se encontraban bajo llave, la única vez que pedí libros fue para llevarlos a clase, me los entregó luego de ver la nota de la profesora que los solicitaba. Textos básicos sobre ciencias sociales, ciencias naturales, matemáticas y atlas geográficos.

La primera vez que visité la biblioteca pública del pueblo fue en ese mismo periodo, para hacer algún trabajo. Me gustaba ir a ese sitio porque quedaba en un parque algo oculto que unía la sede del SENA y la casa de la cultura en donde se veían siempre personas tocando algún instrumento musical o dibujando o haciendo piruetas en la hierba. Bueno, entrando a la biblioteca ya las cosas cambiaban, era como en el colegio pero algo diferente; la bibliotecaria era más amable se veían estanterías móviles lejos del público y unos estantes fijos con libros de referencia. Fueron pocas las visitas que le siguieron a esa biblioteca de mi parte. Luego llegó Encarta y una filtración de una clave para acceder a internet, en el colegio eramos muy pocos los que nos entreteníamos hablando sobre el ruido que hacía el equipo al tratar de conectarse y la información que encontrábamos, principalmente sobre temas de anime, animaciones en flash, juegos e información sobre grupos musicales y páginas con información para resolver los trabajos académicos.

De bibliotecas nada, se mejoró la conexión a internet llego la banda ancha y ya el ruido en el teléfono para acceder a la red fue desapareciendo, ya era más rápido. Youtube me molestaba por la poca cantidad de vídeos que tenía, la mayoría en ingles y poco entendía. Soulseek  fue la luz, compartir información a cambio de información de tu interés. Música, Comics y charlas con gente de muchos lugares con gustos distintos o afines y muy variados puntos de vista, era lo de todos mis días. Se aprendió mucho pero lo dejé cuando entré a la universidad, curiosamente a estudiar Ciencia de la información bibliotecología. Accidentes, todos los tienen pero cada cuál ve cómo arreglárselas.

Durante los años como estudiante de Ciencia de la información — Bibliotecología se vió y se pasó por todo. Buenos y no tan buenos docentes, brechas de conocimiento, cambios en los modos de hacer con o sin tecnología. Pasar de la prohibición en el uso de Wikipedia a citarla en los trabajos de último semestre… En fin. Entre estos cambios el que más recuerdo es el paso que dio la biblioteca Alfonso Borrero Cabal S.J. de restringir las redes sociales (desde 2007-8 o antes, que recuerde) a hacer convocatorias y promociones a través de las mismas del 2010-11 para acá… En realidad es muy poco tiempo; me preguntaba ¿sería una moda? si ahora todo se mueve por redes sociales, ¿por qué tardarían tanto? Lo curioso es que no fue la única, todavía hay bibliotecas que ni siquiera le brindan acceso a internet a una comunidad ¡por considerarlo un riesgo!

Poco a poco las bibliotecas han ido adaptándose a los cambios que las tecnologías han traído, y aunque fue tardía mi amor hacia estos recintos, ya llegando al final de este capítulo quiero ocuparme más de la interacción entre las personas y la información y el fortalecimiento a estos espacios comunes y disponibles para toda persona curiosa y ávido de información y conocimiento. Las bibliotecas todavía tienen sus retos por superar y es necesario que toda la comunidad involucrada en ellas, desde los profesionales de la información hasta el más joven lector, piensen, interactúen y transformen estos espacios de encuentro e intercambio de saberes comunes. Y como se diría a trabajar y si es el caso ¡luchar por lo nuestro!