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The Missing Piece Meets the Big O

Gracias a Diana Echeverri leí The Missing piece meets the Big O. Una historia que me encantó. Ya no me preocupa encajar, luego de leer esto. Así ser forastero es mucho más llevadero: No busques a quien te completa. De por sí ya estas completo.

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Libro metro, el vagón amarillo

Libro Metro, el vagón amarillo
Libro Metro, el vagón amarillo

Experimento para leer en varias estaciones del metro (Ciudad de México) un cuento de Franz Kafka

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Irreversible // Cuento

Los feos somos muchos más | Toxicómano
Los feos somos muchos más | Toxicómano

*Este texto puede ser convertido en un cortometraje para el trabajo de grado de un amigo que estudia cine y televisión. Ya ha pasado antes con  varios de mis escritos.

Estábamos discutiendo en la calle, ella decía que yo era un maldito cerdo y yo la llamé puta. Me aruñó la cara y yo la empujé. Cayó de bruces frente a un mendigo, el tipo me dio asco, me miró con terror, con ese ojo morado por una buena tunda que alguien le había dado. Sentí un hilo de sangre tibia bajarme hasta el cuello, pero no sé si fue por esa idea estúpida de que las mujeres son indefensas o qué, pero acerté en una patada directa al estómago del indigente. El tipo me miraba horrorizado, pero no era por la paliza que le iba a dar, era por algo más. Creo que notó todo el odio que se desprendía de mí.

Lo levanté, lo agarré del cuello y le aticé un buen golpe en el ojo bueno. Mientras tanto ella se reponía de la caída, tomó su cartera y se acercó para escupirme. Su saliva se revolvía con mi sangre, hirviendo, que me dio más fuerza para golpear al mendigo que trataba de decirme algo…

-¡No puedes matarte!

Me gritó.

Me causó gracia esa estupidez y no sé si fueron todas las botellas que me revolvían la cabeza o fue ver el rostro deformado de ese maldito retorciéndose en su mugre, amenazándome con matarme…

-Escúchame pedazo de basura- le dije hablándole al oído  -aquí el único que está en peligro eres tú, ni siquiera te puedes parar y ¿me dices que si te hago algo vas a acabarme?

El maldito indigente no podía articular ni una palabra. Estaba calvo en algunos lugares de su cabeza, era solo piel y huesos, con una figura retorcida. Lo miré directo a los ojos y muy en el fondo de su alma pude probar todo su terror. Su boca se torció queriendo gritar pero antes de que lo hiciera lo golpeé con más fuerza y un sonido seco nos hizo saber que su nariz estaba hecha añicos, así que seguí golpeándolo hasta que me dolieron los huesos y entonces… lo golpeé con más fuerza.

Me retiré un poco, estaba exhausto, su rostro era un manchón en la pared y yo solo atiné a tambalearme hasta la esquina y vomitar las entrañas para sentirme un poco mejor. No quería pensar en nada. Solo quería llegar a casa y dormir un buen rato para tratar de olvidarme de todo.

No recuerdo muchas cosas solo que caminaba mirando al piso, que veía mis pies y la sombra que bailaba debajo de ellos, recuerdo moverme entre la noche y que de la nada salió un tipo a pedirme dinero. Traté de quitármelo de encima pero no podía hacerlo. Empecé a caminar más a prisa pero estaba demasiado ebrio como para saber a donde iba, creo que caminaba en circulos. Miraba hacia atrás y ya no era un tipo sino tres. Gritaban como simios y yo solo quería desaparecerme. Algo me golpeó en la nuca y aterricé de cara en el pavimento. La vista se me nubló y sentí que uno de mis brazos me hormigueaba, luego uno, dos, tres golpes en las costillas. Sentía mil manos esculcándome aquí y allá, luego un relámpago atravesó una de mis piernas. Intenté levantarme a ver qué había sido pero recibí un golpe en un ojo. Traté de reponerme y fue cuando unas manos me agarraron del cabello y me sacudieron contra el pavimento.

Estaba acabado; recostado en el suelo viendo mi cabello a medio metro de mí. Con una mano me toqué el cráneo, entendí que el golpe me había arrancado una buena parte del pelo. Me habían robado los zapatos, la chaqueta y todo lo que tenía en los bolsillos. No estaba seguro de cuanto tiempo había pasado, solo que para moverme tenía que arrastrarme.

Pensé en el karma. Pensé que Dios debería estar gozando de lo lindo conmigo, pero eso no era todo.

Traté de reponerme, pero no podía controlar mis mórbidos movimientos. Fue ahí cuando ella cayó bruscamente a mi lado. La miré a los ojos y era la misma tipa que hace un rato había empujado.

Levanté la vista y me vi arrogante golpeándola. No entendía que era lo que sucedía. Ahí estaba yo, acercándome a… me miré con el único ojo bueno que tenía y estaba entre harapos, espantado viendo venir mi fin con llamas en los ojos, sabía que no tenía otra salida, que era el fin del camino. Sentí una patada en la boca del estómago y como pude vi horrorizado cómo se acercaba a mí por el único ojo bueno que tenía en esos momentos. No tenía fuerzas y los pensamientos se me revolvían en la cabeza. Recibí un golpe en el ojo y por un momento vi una gran luminosidad. Era el fin. Tomé un último aliento y de la desesperanza algo surgió …de lo más profundo de mí ser pude gritar con fuerza:

-¡No puedes matarte!

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Cuento: Muerte sintética

Este cuento aparece publicado en la versión impresa de Hoja blanca[1] No. 4, pero tuvo que ser editado y así quedó en versión resumida:

Un futuro furibista. En el año 2.134 mucho habrá cambiado, y mucho seguirá igual.

 Entré a su celda y lo vi cubierto con una cobija de las que tienen estampados siete tigres. Cuando se volteó vi que estaba en los huesos, como si a mi amigo le hubieran succionado las entrañas.

Me vio, sonrió. Solamente conservaba un diente. Lo abracé. Enseguida lloró y se aferró a mí como si absorbiera mi vitalidad, se notaba que estaba desesperado. Solamente repetía en voz muy baja “Tienes que saber lo que ellos nos van a hacer”.

 Henry había creado un químico bastante fuerte, era una droga llamada La saliva del diablo que probó en sí mismo. Cayó en coma por cerca de tres meses y cuando despertó hablaba del gobierno, del futuro, de clonación, de las repúblicas creadas por las Farc y los paramilitares. Él era un tipo inteligente y enseguida optó por actuar como un demente para que no lo tomaran tan en serio.

Cerraron tras de mi la puerta de su celda y el saludo terminó. Henry me guió hasta el lavamanos para que habláramos y abrió la llave para que el sonido del agua corriendo ocultara nuestra conversación de los micrófonos. Henry empezó a hablar como loco:

 -Yo sé que me crees, si no hubieras venido –murmuró.- Me inyecté la saliva del diablo y me metí en un viaje terrorífico, sentí que estaba despertando en un sitio familiar: era Bogotá en el año 2.134 y habían muchas cosas nuevas, pero muchas otras no cambiaron nada.

 Los paramilitares se aliaron al gobierno mediante la ley de justicia y paz, las Farc migraron a Venezuela y trataron de invadir Brasil, pero cuando el petróleo empezó a escasear y su riqueza se acabó fueron arrasadas de la faz de la tierra y no tenemos noticia de su paradero. Hoy apenas vamos en la primera reelección del presidente, pero faltan 32 mandatos de lo pronto se convertirá en un cerebro en un frasco que lo controlará todo.

-¿Pero cómo estás tan seguro de que viviste en el futuro y no en una alucinación?

 -Por los detalles -me respondió- Porque en las alucinaciones no existe el tiempo, no hay contradicciones y la lógica está averiada, ningún ser humano puede ver la hora en su reloj mientras está soñando o viajando, como lo hice yo.

 Miré hacia atrás para ver si nos vigilaban de algún punto, pero solo pude ver la puerta cerrada. El agua seguía corriendo por el lavamanos y Henry continuó:

– Con la ley de justicia y paz, además de apoyar a los paramilitares, se financiaron leyes como la de Seguridad Democrática, basada en un novedoso polígrafo usado en un programa de televisión llamado “La verdad o se atreve”. Se implantaron chips en toda la población para detectar cuando alguien tenía pensamientos fantasiosos y se distraía en su trabajo, ya que el lema del cerebro en el frasco era “trabajar, trabajar y trabajar”. Cuando esto sucedía los castigos eran severos.

¿Quieres saber algo patético? el presidente clonó a Juanes y a Shakira para que mantuvieran en alto el nombre de nuestra nación, al punto que cambiaron del escudo nacional: al cóndor lo extinguieron así que pusieron ahí la cabeza de Juanes que sostiene una cinta que dice “Lealtad y Fuerza”, al canal de Panamá lo reemplazaron por el culo de Shakira y la granada por un balón de fútbol. Quienes no siguieran estas insignias podían ser apaleados por cualquiera de sus coterráneos.

 Mediante implantación de un sistema de denigración masivo llamado “Trash-Milenio” se le extraía a los sujetos cualquier rastro de dignidad que les quedara. El sistema consistía en empaquetar al vacío a 250 sujetos en un bus con capacidad máxima de 125 personas durante mínimo 30 minutos diarios, y al final tenías personas sin ninguna capacidad crítica que soportaban lo que fuera en silencio: trabajos forzados, burlas, extorsiones… todo. Con este mismo sistema también se concebían a las futuras generaciones: El sexo, tal y como lo conocemos fue reemplazado por Trash-Milenio donde las mujeres se embarazaban sin experimentar satisfacción alguna y no volvían a tener noticias del progenitor.

-¡Lo que me cuentas en realidad es terrible! ¿Y cómo pudiste regresar? ¿Cómo fue que saliste del coma?

 -Cierto día me levanté a la madrugada, no podía dormir. Fui al baño a orinar y cuando terminé me la sacudí por cuatro veces y ya sabes que después de la tercera sacudida es masturbación. Al recordar esto a mi mente vino la imagen del redondo culo de Shakira y empecé a meneármela. Imaginaba su acolchonado y peludo sexo, su rostro de satisfacción y sus movimientos encima mío. Estaba muy dormido como para recordar el maldito chip, así que seguí cascándomela. Cuando se activó el chip un escuadrón de la parapolicía irrumpió en mi baño, me empujaron contra la pared y me pusieron el frío cañón de una pistola en la nuca. Me gritaron “Violó el código de seguridad número 153, parágrafo 2: Los individuos infectados con el gen de la imaginación serán castigados con la muerte” y sentí un golpe seco en mi cráneo, seguido de calor, que atravesó mi cabeza. Cuando desperté estaba en la cama de un hospital y el resto es historia.

 -Me alegro de que te hayas librado de todo eso. Ahora estas a salvo.

 Resaltados:

Los paramilitares se aliaron al gobierno mediante la ley de justicia y paz, las Farc migraron a Venezuela y trataron de invadir Brasil.

El sexo, tal y como lo conocemos fue reemplazado por el Trash-Milenio donde las mujeres se embarazaban sin experimentaban satisfacción alguna.


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Agradecimientos especiales a Jaime Riveros, mi profesor quien me orientó en la creación de este y muchos otros escritos y a Daniel Pacheco por la edición junto a todo el equipo de Hojablanca.

[1] REVISTA HOJA BLANCA. Página oficial. [en línea]. [consultado 09 abr. 2008]. Disponible en <http://www.hojablanca.net>