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Sobre Humanidades Digitales

Martha Nussbaum, en su libro Sin fines de lucro (2014), plantea una preocupación con respecto al desplazamiento de las humanidades en la formación académica por parte de áreas más utilitarias y competitivas en el mercado, en función de la producción económica, sobre aquellas que tienen la capacidad de generar una mirada crítica, el pensamiento por sí mismo de las personas. Aquellas que forman ciudadanos. Presenta este fenómeno como una crisis invisible en la actualidad, no obstante,  en tiempos de cambios tan vertiginosos, ampliar el horizonte nos podría llevar a establecer nuevas relaciones entre los sucesos que acontecen en el cotidiano del siglo XXI.

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Martha Nussbaum – Sin fines de lucro

Carátula del libro Sin fines de lucro de Martha Nussbaum

Cuando estaba en el colegio recuerdo que mi amigo El Gordo (en el colegio uno siempre tiene un amigo al que apodan «El Gordo») me decía que no entendía para qué carajos estudiábamos música, si eso no nos lo iban a preguntar en las pruebas de estado al finalizar el colegio. En su momento le di la razón, pero luego de leer este libro me doy cuenta que el que estaba mal no era mi colegio, sino las pruebas de estado. El prepararnos para obtener buenos puntajes en las pruebas de estado puede hacer que nuestro objetivo como estudiantes no sea crear y fortalecer nuestra ciudadanía, sino responder correctamente cuando nos pregunten cosas en un examen.

Martha Nussbaum plantea que la educación volcada únicamente a la obtención de beneficios económicos está erosionando la democracia mundial. ¿Por qué? Pues porque dejar de lado las artes y las humanidades en la educación hace que perdamos nuestra capacidad de ponernos en el lugar del otro. Además, también afecta nuestra capacidad de ser creativos. Uno de los planteamientos interesantes del libro es que a la larga, el mantener las humanidades nos hace solucionar problemas de formas creativas, lo que en definitiva beneficia a la obtención de beneficios económicos. Es lo mismo que les sucede a los centros culturales: Cuando hay recorte presupuestal, los primeros afectados son los sectores de la cultura, cuando es quizá allí donde esté la solución.

El problema, creo yo, está en no ver el impacto que tienen las artes y las humanidades en el corto plazo. Esto me recuerda el Manifiesto por el ocio humanista. Algo que me ha funcionado bastante bien es pensar mucho los problemas que quiero solucionar. Erick, un compañero de la maestría con quien debíamos hacer un trabajo escrito, me invitó un café para charlar sobre el trabajo. Cuando iba a abrir mi computador para tomar notas, él me dijo «Ahora no prenda eso, primero charlemos». Con el café y dándole vueltas a nuestro problema, empezaron a salir muy buenas ideas. Unos días después nos volvimos a ver sólo para conversar. No tomamos ni una nota. Luego, el texto empezó a fluir sin presión. Ya teníamos clara la idea, lo que nos llevó a escribir con claridades. Esa metodología de trabajo me gustó.

El suicidio del alma

Una cita del texto:

[A]l hacer uso [de las posesiones materiales], el hombre debe tener cuidado de protegerse frente a la tiranía [de ellas]. Si su debilidad lo empequeñece hasta poder ajustarse al tamaño de su disfraz exterior, comienza un proceso de suicidio gradual  por encogimiento del alma. Rabindranath Tagore, pedagogo indio, c. 1917

Martha Nussbaum cierra su texto mencionando que la falta de capacidad creativa convertirá (si no es que ya nos convirtió) en meros técnicos con la imaginación atrofiada, únicamente útiles para producir dinero; dejando de lado la cultura, las artes, la democracia y la empatía, sin capacidad para cuestionar la autoridad. Un suicidio del alma.

Luego de este libro creo que a lo que más temo es a padecer un suicidio del alma. La miseria puede ser llevadera, pero no la mezquindad.

Sobre el separador de páginas

Irónicamente usé un billete de $20.000 falso para separar las páginas en mi lectura. Luego de pasar por la Feria del Libro y salir muy tarde de allí, tomé un taxi. Recuerdo que el taxista tenía una camisa de Nacional. Al pagarle con un billete de $20.000 me pidió un poco más de sencillo, como si no tuviera dinero para devolverme el cambio. Encontré el valor justo y se lo entregué. El tipo no me devolvió el billete que yo le había entregado, sino que lo cambió por esta impresión de un billete. No noté que el billete era falso sino hasta el día siguiente.

Leer el libro con este billete me recuerda lo mal que estamos actualmente: No nos importa el otro. Lo que vale es la trampa, «ser más vivo que el otro». Salirnos con la nuestra sin que importen los demás. Ese comportamiento es justo el que hay que evitar. No todo vale y si es así, nuestra alma ya se ha suicidado.

Aquí mis notas del libro Sin fines de lucro en la Wiki de Nomono.